A primera vista, la mirada se dirige inevitablemente hacia el traje. Sus tonos turquesa y dorado captan la luz y evocan una de las tradiciones más arraigadas de Pamplona: la tauromaquia, estrechamente vinculada a la historia del hotel y a las fiestas de San Fermín.
Sin embargo, bajo ese vestido de luces se encuentra otra pieza igualmente valiosa: una silla con una historia singular.
La silla de "Las Pocholas"
La silla perteneció a las célebres hermanas Guerendiain, conocidas popularmente como "Las Pocholas", referentes de la gastronomía pamplonesa durante buena parte del siglo XX. Josefina y Conchita donaron cuatro sillas al hotel, contribuyendo así a preservar una parte de la memoria de la ciudad.
Entre ellas destaca especialmente la que hoy se expone en esta vitrina. Según la tradición, formaba parte de la mesa donde Ernest Hemingway acostumbraba a sentarse durante sus visitas a Pamplona.
La conexión entre el escritor estadounidense y la ciudad es ampliamente conocida. Fascinado por San Fermín y por la atmósfera única de Pamplona, Hemingway contribuyó a proyectar su imagen internacional y dejó una huella imborrable en la historia local.
Un homenaje a la tradición taurina
Sobre esta silla histórica descansa hoy un vestido de luces que simboliza otra de las páginas fundamentales del legado del hotel.
Desde el siglo XIX, numerosas figuras de la tauromaquia eligieron La Perla como lugar de estancia durante las fiestas. Nombres legendarios como Manolete, Belmonte o Joselito forman parte de una larga lista de huéspedes ilustres vinculados al mundo taurino.
La presencia de este traje no es casual. Constituye un homenaje a esa relación histórica entre el hotel, los Sanfermines y los protagonistas que han contribuido a forjar la identidad cultural de Pamplona.
Cuando los objetos cuentan historias
Más allá de su valor material, tanto la silla como el vestido de luces representan algo mucho más importante: la capacidad de los objetos para conservar la memoria.
Quienes visitan el hotel encuentran en esta vitrina un pequeño museo dentro de un edificio histórico. Un espacio donde convergen gastronomía, literatura, tradición taurina y patrimonio local.
Porque la historia de un hotel no solo se escribe en sus habitaciones o en sus fachadas. También vive en los detalles, en las piezas que han permanecido a lo largo del tiempo y en las historias que siguen siendo contadas generación tras generación.
Y pocas historias reúnen tantos capítulos de la memoria de Pamplona como este vestido de luces que descansa, silenciosamente, sobre una silla extraordinaria.





