Hay objetos que simplemente decoran.
Y hay otros que han visto pasar la historia.
En el Gran Hotel La Perla hay dos jarrones que pertenecen, sin duda, a la segunda categoría. Son gemelos, tienen más de un siglo de antigüedad y llegaron a Pamplona en 1912. Desde entonces, sus caminos han permanecido unidos.
En 1912, Pamplona vivía un momento de transformación. Ese mismo año llegaban a la ciudad dos grandes jarrones de loza destinados a formar parte de la decoración del entonces Gran Hotel de la Plaza de San Francisco.
Cuando aquel hotel cerró sus puertas en 1934, los jarrones encontraron un nuevo hogar en el Gran Hotel La Perla. De esta manera, no solo cambiaron de edificio: continuaron su historia dentro de otro establecimiento histórico de Pamplona.
Desde entonces, han permanecido vinculados a La Perla y han sido testigos silenciosos de buena parte de la vida del hotel.
Por delante de ellos han pasado generaciones de huéspedes y visitantes. Reyes y presidentes, artistas y escritores, toreros y militares, pamploneses y viajeros llegados de lugares muy distintos.
Han visto celebraciones, fiestas y acontecimientos de todo tipo. Han formado parte de distintos espacios del hotel y también han vivido momentos menos visibles para los huéspedes, como las reformas y las mudanzas que han acompañado a La Perla a lo largo de su historia.
Una de ellas fue especialmente significativa.
Durante la mudanza de 2005, los dos jarrones perdieron sus características asas barrocas. Aquellos elementos ornamentales, que formaban parte de su aspecto original, desaparecieron y nunca volvieron a ellos.
Sin embargo, los jarrones permanecieron juntos.
Y permanecen aquí.
Dos piezas de loza que, a primera vista, podrían parecer simplemente elementos decorativos. Pero detrás de ellas hay una historia que comenzó en Pamplona hace más de cien años y que ha pasado por dos hoteles, numerosas generaciones y algunos de los momentos más importantes de la vida de La Perla.
Porque también los objetos guardan memoria.
Y estos dos jarrones llevan más de un siglo haciéndolo, silenciosamente, bajo el mismo techo.
Hoy siguen formando parte de La Perla. Dos piezas gemelas. Dos testigos de la historia. Y una pequeña parte de la memoria del hotel que ha llegado hasta nuestros días.


