Conozca las fiestas de San Fermín de forma única

Disfrute de la emoción de la fiesta desde el centro de la ciudad

Habitaciones Históricas

Estancias dedicadas a personajes como Víctor Eusa, Hemingway, Pablo Sarasate, Orson Welles o Manolete

Suite 201 Hemingway

El mejor embajador de las fiestas de San Fermín cuenta con una Suite personalizada que se conserva tal y como él la conoció.

El placer de un buen desayuno servido en mesa

Empezar el día con calma y tranquilidad es un lujo

El Salón La Perla

Podrá descansar y disfrutar de la colección de libros firmados por nuestros huéspedes

123 ejemplares de "Fiesta"- Hemingway

Sabido es que el Gran Hotel La Perla en la habitación del escritor Ernest Hemingway exhibe en dos vitrinas una importante colección de ejemplares diferentes de la novela The Sun Also Rises (“Fiesta”), publicada en 1926 y traducida desde entonces a decenas de idiomas. Se trata, precisamente, no solo de la primera novela que publicó el que en 1954 acabó siendo Premio Nobel de Literatura, sino también de una novela que en buena parte está ambientada en las pamplonesas fiestas de San Fermín. Una colección que sigue creciendo y a la que vamos incorporando nuevos ejemplares.







Foto: Jesús Goldaraz



Este el último ejemplar incorporado a la colección de libros de "Fiesta" y con él son 123 los que exhibimos en la habitación del escritor. 




Este otro, es una edición editada por Odeon y publicado en checo (segundo de nuestra colección escrito en este idioma), bajo el titular “I slunce vychází”.


El anterior fue uno editado por la editorial Gallimard en 1949, traducido del inglés por Maurice E. Coindreau, con 252 páginas. Séptimo ejemplar escrito en lengua francesa que se incorpora a la colección.



El penúltimo ejemplar que ha llegado a estas vitrinas lleva el título “Og solen gar sin gang”, y está publicado en 1968 por la editorial Schultz; escrito en noruego, lo que eleva a 16 idiomas los presentes en esta colección.



La anterior adquisición data del año 1983, editado entonces con motivo del 75 aniversario de la editorial Rowohlt. Con este libro escrito en alemán son diecisiete los que conservamos en este idioma. 





Otro de los últimos libros incorporados fue un ejemplar editado en 2017, en francés, bajo el titular “Le soleil se lève aussi”, y editado por Gallimard. 




Y el pasado mes de noviembre pasó a formar parte a esta colección una reedición de 2016, escrita en ruso, de 318 páginas, publicada por la editorial Mockba, y que nos llega en perfecto estado de conservación.



Una colección con 123 ejemplares escritos en quince idiomas diferentes (alemán, catalán, checo, chino, danés, español, francés, griego, holandés, inglés, italiano, japonés, lituano, portugués y ruso), y publicados en 54 años diferentes. Este ejemplar es el segundo ejemplar en lengua rusa.



Se trata de una colección perfectamente catalogada conforme a las pautas archivísticas vigentes actualmente en Europa, y que junto a la colección de 123 ejemplares de libros dedicados por sus autores al Gran Hotel La Perla, constituyen las dos principales joyas del patrimonio literario de este hotel.









Descubre la historia y curiosidades del hotel en COPE

Nos gustaría compartir este programa que realizó COPE Navarra junto a Juan Echenique en el que se acercaron a la historia del hotel y donde contaron anécdotas y curiosidades de nuestra andadura. Esperamos que la disfruten.



En COPE Navarra abrimos un nuevo capítulo de Historia de Pamplona con Juan Echenique, autor de "Secretos de Pamplona". En esta ocasión nos acerca la historia y anécdotas del Hotel La Perla.

  • El 5 de junio de 1881 abrió sus puertas la Fonda La Perla, en el número 9 de la plaza de la Constitución, hoy plaza del Castillo. Tenía 31 camas y servicio de carruajes para recoger a los viajeros que llegaban a la estación de ferrocarril.
  • Los propietarios eran el matrimonio formado por Miguel Erro y Teresa Graz (en los primeros seis meses, también Silvestre Ripalda). Miguel Erro había sido cocinero en Casa Alzugaray, en el paseo de Valencia. Teresa Graz era de Burguete y había trabajado en la Fonda Graz, propiedad de su familia.
  • El 1 de enero de 1882 el matrimonio hace un inventario con el fin “de saber lo que en la casa existe”. Resultado: 31 camas, 7 baúles, 10 cómodas, 11 armarios, 23 cuadros, 3 rinconeras, 25 espejos, 8 postiés, 5 escupideras, 21 trespiés, 22 mesillas de noche, 4 relojes, campanillas y cordones, butacas, sillones, taburetes y sillas, perchas o colgadores, floreros, galerías, mesas, ropa blanca, alfombras, cocina, vajilla, quinqués, etc..., valorado todo ello en 80.138 reales.
  • El 27 de agosto de 1883 se celebra el primer banquete de boda. Los nuevos esposos eran José Idoate y Patrocinio Ramírez de Esparza. El almuerzo fue a las 10:30 de la mañana y la celebración religiosa, a las 7:30 de la mañana.
  • El 31 de julio de 1885 fallece Miguel Erro en Betelu (atendía un balneario que allí tenían), víctima del cólera. Su esposa, Teresa, queda como propietaria.
  • El 1 de enero de 1888, tras cuatro años de obras, la Fonda La Perla pasa a convertirse en el Hotel La Perla.
  • El 6 de julio de 1902 Pablo Sarasate es homenajeado en el Hotel La Perla por el Ayuntamiento y por los vecinos de Pamplona. El alcalde de la ciudad, don Joaquín Viñas, le hizo entrega, en un solemne acto, del título de Hijo Predilecto de la ciudad.
  • Justo un año después, el 6 de julio de 1903 se firma en el Hotel La Perla la escritura del contrato realizado entre varios empresarios navarros y la Junta del Valle de Salazar para la explotación de madera del monte Irati. Es el origen del ferrocarril El Irati (1911-55).
  • En 1913 José Moreno compra el Grand Hotel, en la plaza de San Francisco, una aventura hotelera que duró desde 1913 hasta 1934. José Moreno era el marido de Ignacia Erro Graz, hija de Miguel y Teresa, los fundadores de La Perla.
  • Entonces se instalaron los primeros ascensores en Pamplona, traídos desde París. Uno, en el Grand Hotel, en la plaza de San Francisco; y el otro, en el Hotel La Perla -funcionó hasta 1991-. Curiosamente, carecían de motor durante los primeros meses, así que funcionaban manualmente con manivela y polea y servían solo para subir y bajar equipajes.
  • El Hotel La Perla disponía en aquellos años de una granja en lo que hoy es el barrio de Abejeras. En esa finca el hotel tenía huerta y numerosos animales que le servían para autoabastecer las necesidades gastronómicas del Grand Hotel y las del Hotel La Perla.
  • El 31 de julio de 1985 fallece Rafael Moreno Erro. Se da la circunstancia de que su abuelo Miguel Erro, fundador del hotel, falleció exactamente cien años antes -el 31 de julio de 1885-. Queda al frente del hotel su hijo Rafael Moreno Arocena.
  • El 15 de junio de 2007, tras dos años de obras, reabre sus puertas con el nombre de Gran Hotel La Perla, con la categoría de cinco estrellas y con 44 habitaciones.
  • En la Perla se han alojado miembros de la Familia Real española, como Alfonso XII, Alfonso XIII, don Juan de Borbón, don Juan Carlos, doña Sofía o la infanta Isabel.
  • Y también otras personalidades del mundo del cine, la literatura, la música, el toreo…, como Woody Allen, Hemingway, Charles Chaplin, Imperio Argentina, Mario Vargas Llosa, Gonzalo Torrente Ballester, Darío Fo, Antonio Gala, Julio Iglesias, Joaquín Sabina, Charlie Sheen, David Hosselhoff, Orson Welles, Manolete, Cayetano Ordóñez o Pablo Sarasate.

ESCUCHAR PROGRAMA 


Texto extraído de COPE Navarra



Nos visitan más de 30 coches clásicos

Este sábado pudimos disfrutar de la llegada a la Plaza del Castillo de más de 30 coches clásicos al hotel y muchos fueron los que se acercaron hasta allí para fotografiarlos y los más pequeños incluso pudieron subirse en ellos gracias a la amabilidad de sus dueños.

El grupo de coches recorren juntos España con la agencia Tour on Wheels coast to coast y no tenemos dudas de que tendrán un viaje único. ¡Gracias por elegirnos y hacer una parada en Pamplona!

Foto cedida por "Alejandro FTP"























40ª edición de la Feria Del Libro Antiguo y de Ocasión

La Plaza del Castillo acogerá del 16 de septiembre al 1 de octubre la 40ª edición de la Feria Del Libro Antiguo y de Ocasión, organizada por las librerías Iratxe y El Bibliófilo de la capital navarra.


El horario será de 11 a 14 horas y de 17 a 21 horas, pudiéndose alargar los sábados y domingos. La Plaza del Castillo volverá a acoger, después de 4 años, tres pabellones donde 14 libreros ofrecerán sus libros de viejo, antiguos, usados, agotados, de ocasión y facsímiles.
Se podrán encontrar artículos desde 3 y 5 euros hasta primeras ediciones de miles de euros. Rarezas, libros de cabecera, clásicos o novelas de otra época son algunos de los tipos de libros que podrá adquirir el público.
Este 2023 participan las librerías Iratxe, Libros con Historia, Amoxtli Libros con Arte, El Bibliófilo, Editorial Mintzoa, Librería Maxtor, Librería Sardá, Ortiz Marcos Libros Antiguos, Madrid Books, Lorca Libros, Eurolibro Bilbao, El Velo de Isis, Caracuel Libro y Guerrero y Argote.

Un abanico muy especial

Javier Moreno nos ha regalado este precioso abanico inspirado en el traje que lució Morante el 7 de julio de 2022 en el centenario de la Plaza de toros de #Pamplona y que tenemos expuesto en el hall del hotel. 





Y hoy hemos tenido la grata sorpresa de recibir en el hotel a la creadora del abanico, Carmina Santos, que se mostraba contenta y orgullosa de verlo junto al traje de luces del maestro.



Al fin dentro de La Perla






"Cuando éramos niños, comíamos helados en la Plaza del Castillo. Era verano. Luego, en invierno, tomábamos fritos de jamón y queso en las sillas metálicas de sus terrazas. Si llovía, corríamos a refugiarnos en los porches. Había un trozo de porche especial. El porche de la esquina, el del hotel La Perla, donde sin saber muy bien por qué, corríamos más despacio.

Asomábamos la cabeza desde fuera, cuando algún viajero de esos que hablaban idiomas que nunca habíamos oído cruzaba la puerta automática y nos descubría el interior. Había en La Perla un busto de Hemingway que nos miraba. Una especie de apóstol con barba blanca del que sabíamos muy poco. Apenas un par de cosas: que bebía y escribía.


Los niños de Pamplona miran a La Perla porque ahí está el mundo. Todo lo que algún día descubrirán, ¡todo lo que les costará una vida descubrir!, está aparentemente al alcance de la mano; al otro lado del porche. Las lenguas, las lámparas, los trajes, las alfombras, los hombres misteriosos, las mujeres misteriosas.


Esa era la vista desde nuestros pantalones cortos. Parecía que lo podíamos tocar, pero nos quedábamos fuera porque hasta un niño sabe que en un hotel no se juega, que un hotel no se incendia. Lo aprendimos por la vía del asombro: aquello era para mirar, no para alborotar.


Nos fuimos haciendo mayores. Viajamos de las mañanas en los porches a las noches en los porches. Con la copa en la mano, supimos que en La Perla habían dormido los autores de las historias que nos acababan de sumergir en la cultura: Mario Vargas LlosaWoody AllenOrson WellesCharles Chaplin. También los reyes, a quienes se odia o se ama con visceralidad.

¿Cómo era posible? ¿Qué ocurría allí dentro? Teníamos veinte años. Mirábamos de otra manera, mirábamos a veces ebrios, con ojos alucinados. Ya no éramos inocentes. Nos acercábamos al porche. Los hombres misteriosos, las mujeres misteriosas, se adentraban en la luz amarilla del hotel recién salidos de la oscuridad. El sonido de la puerta automática y después... nada.

A los niños de Pamplona nos pasa con La Perla. A los de San Sebastián, con el María Cristina. A los de Madrid, con el Palace. A los de Barcelona, con el Oriente. Y es injusto. Los hoteles, como las embajadas, son las aguas internacionales de nuestras ciudades. Los lugares más intrépidos, los más enigmáticos, cuyos habitantes jamás han visto.

Los hoteles nos atraen porque sus inquilinos están viviendo un capítulo de excepcionalidad. Están haciendo algo que puede que nunca más hagan. Son seres humanos en un remolino de hechos infrecuentes. La Perla era para nosotros como un libro, como una película, como un cómic. Y queríamos ver.

Cabe hacer una locura y dejar nuestras casas para ir a los hoteles de nuestras ciudades a dormir, pero la racionalidad y nuestra educación judeocristiana nos lo impiden. En Madrid o Barcelona, existe un segundo camino para visitarlos: tener amante. Pero es imposible tener amante en Pamplona.

Uno de los mayores privilegios de escribir en un periódico es el salvoconducto para escudriñar los lugares prohibidos a la mayoría; los lugares extremos: los hoteles, las cárceles, el Palacio Real, el Congreso, la Zarzuela, la Audiencia Nacional, la casa del crimen. Hay gente entrando diariamente a estos lugares, cada uno al suyo; pero sólo los periodistas podemos entrar sin levantar sospechas a todos y cada uno de ellos.

Tuve que empezar a escribir para conocer La Perla. Fue un día de San Fermín. Había quedado con John Hemingway para hacerle una entrevista, el nieto de aquel hombre de barba blanca que tanto nos había mirado desde el busto de la entrada. Pedí permiso a Rafael Moreno, el director del hotel, cuarta generación de propietarios.


Rafael, como Hemingway, estaba allí. Lo veía desde el porche. Es un hombre que siempre ha tenido el mismo aspecto que ahora. Las camisas de vivos colores, el bigote blanco peinado como Dalí –aunque mucho más frondoso–, el pelo engominado hacia atrás. No hay gente tan elegante en Pamplona, pero él estaba dentro del hotel. Formaba parte del estado de excepción.


Me impactó cuando lo conocí. Esa sensación de permanencia, de raíces en un sitio, como si se tratara de uno de esos seres sólo posibles en las películas de ciencia ficción, que pierden la vida y su corporeidad cuando se alejan de determinado lugar. Sólo he visto a Rafael en la puerta del hotel y en el Café Iruña, al que se puede llegar sin salir del porche. El otro día lo entendí todo: Rafael Moreno nació dentro de La Perla. Y no me atreví a preguntarle si morirá en el mismo sitio, aunque lo di por hecho.

Concedido el permiso, sin haber leído todavía la entrevista, Rafael añadió: "Oye, si un día quieres ver el hotel, no tienes más que pedírmelo". Le contesté: "¿Estás seguro? Te voy a llamar de verdad, ¿eh?". Pasados los años, la semana pasada me decidí a gastar ese cartucho. "Rafael, estoy en Pamplona. ¿Me enseñas el hotel?".

Con barba, con un metro más de altura, ¡con alguna cana incluso!, crucé al fin la puerta automática. Los recepcionistas, tan elegantes, sonreían; Hemingway era un amigo y no daba miedo pisar las alfombras.

Ocurre algo extraordinario en La Perla. Es algo mágico, más propio de la corte de los milagros de Valle-Inclán que de lo real. La familia propietaria ha ido salvando del tiempo las mesas, los letreros y los butacones. Incluso ha recuperado de lugares insospechados las vértebras del hotel que desaparecieron en el mar de los siglos. Porque este hotel, que fue "grand hotel" hasta que el franquismo prohibió los nombres afrancesados, nació en 1881.

Estaba la central telefónica, con conexión a todos los países del mundo. Los relojes viejos en hilera, cada uno con la hora de su confín. Nos topamos, antes de subir en el ascensor actual, con el ascensor de madera vieja, que subía con gente pero bajaba vacío. El mismo donde un Rafael niño explicaba a los huéspedes que la caída, de producirse, sería a una bodega preciosa. El mismo donde un sueco metió a seis señoras a la vez para darles "clases de vuelo".

Desde el piso dedicado a los reyes, nos asomamos por la ventana a un patio interior. Se aparecieron las casas tal cual eran hace más de cien años. Porque aquello había sido una calle, un callejón, el callejón de la sal, que comunicaba la Estafeta con la Plaza del Castillo.

Luego miramos al cielo, asomados a izquierda y derecha. Encontramos una vista sólo posible desde aquí y desde muy pocos edificios más de la ciudad. A un lado, esas "torres toscanas" de la iglesia de San Cernin que fascinaron a Eugenio d'Ors. Al otro, la catedral, con su rosetón y sus arbotantes en caída libre hacia la ciudad.

Luego fuimos pasando por las habitaciones. Sólo por las que estaban vacías; Rafael fue muy amable conmigo, pero para él los huéspedes siempre son lo primero. Hay tras cada puerta algo especial. El lujo cinco estrellas se repite, pero las vitrinas, los cuadros, las paredes... Todo está poblado de objetos tocados o poseídos antes por quienes dan nombre al dormitorio: el propio Hemingway, Pablo Sarasate, Juan Belmonte, Muñoz Seca, Orson Welles, Manolete.

Acabamos la visita en la biblioteca, en el piso de abajo. Enmoquetada, con un piano precioso de hace cientos de años, con las partituras abiertas del XIX, como si la música no hubiera dejado de sonar desde entonces.

Al fondo, una vitrina enorme, acristalada. Ahí estaba el secreto, aquello que los niños de Pamplona buscábamos sin saberlo desde el porche: cientos de libros escritos por los autores más leídos de nuestro tiempo, firmados con una evocación sobre su paso por el hotel.

Era sábado. Salí a la plaza, a mi lugar natural. Había visto mi Pamplona, la de siempre, ¡pero con muchísimos ojos! La ciudad... ya no era la misma."


Artículo publicado por Daniel Ramírez en El Español